Hola, bendiciones. Me dirijo a ustedes para contarles parte de una historia que comenzó en junio.
En ese momento, mi hija mayor, que vive en la ciudad de Córdoba, volvió a Carlos Pellegrini con sus tres hijos por problemas personales. Me llamó para contarme lo que estaba pasando y, como madre, le dije que se viniera, que de alguna manera nos íbamos a arreglar. Así fue: en junio vino y estuvo unos días, pero luego volvió a irse con los chicos.
En ese momento, dos de ellos no querían regresar por todo lo que habían vivido. Yo, en un momento de enojo y tristeza, dije que nunca más la iba a ayudar. Pero después lo pensé mejor y le pedí al Señor que me guiara para poder actuar de la mejor manera ante lo que estaba sucediendo.
Finalmente, el 8 de octubre de 2025 tuve que viajar de urgencia a buscarlos. Taina, que cumplió 15 años en enero; Zamir, que cumplió 11 en febrero; y Kenia, que cumple 13 en julio. Viajé con lo justo, después de que mi nieta mayor me avisara nuevamente lo que estaba pasando y me dijera que ellos no querían seguir viviendo de esa manera.
Saqué de donde no tenía, pedí prestado y me los traje conmigo. En todo momento le pedía al Señor sabiduría para entender lo que estaba pasando y poder darles un lugar seguro. Hoy, gracias a Dios, los tengo conmigo.
Tal vez no sea necesario dar tantas explicaciones, pero muchas personas colaboraron para que ellos pudieran estar bien: nos ayudaron con ropa, calzados, una cama donde puedan dormir y también con sus roperitos. Estoy profundamente agradecida. Que Dios multiplique a cada una de esas personas que hicieron posible esa ayuda.
Hoy me animo nuevamente a escribir porque necesito pedir una mano más. Quisiera agrandar la pieza donde duermen mis tres nietos, ya que el espacio es muy reducido. Por eso, si alguien puede colaborar con chapas, ladrillos o una ventana para que puedan estar más cómodos, lo agradecería de corazón.
No me alcanza el presupuesto para todo y no es fácil atravesar esta situación. Pero soy una abuela que quiere lo mejor para sus nietos y su bienestar. Los llevo a la escuela, me ocupo de sus controles médicos y mi vida cambió completamente.
Sé que es un proceso que va a llevar tiempo, pero no bajo los brazos, porque mi Señor Jesús me hizo una mujer guerrera y valiente.
Desde ya, muchas gracias a todos.
Atentamente,
María Guadalupe Gómez (Kato)


































