CARTA DE LECTORES

Quisiera expresar públicamente mi preocupación y mi dolor como madre ante una situación que involucra a mi hijo, Ignacio Monzón, conocido como “Nacho”, quien en diciembre del año pasado jugó con su equipo del Club Americano la final de fútbol de quinta división frente al Club Guadalupe. El equipo rival ganó dignamente, porque así fue.

Durante el partido, a Nacho le sacaron dos tarjetas amarillas por dos infracciones y luego la roja. Enojado por la situación, pateó una pelota que golpeó las copas que se iban a entregar. A raíz de eso, una de las copas cayó y terminó golpeando a un dirigente de la liga que estaba dentro del campo de juego. Aclaro que nunca entendimos por qué las copas estaban ahí ni por qué había dirigentes dentro del campo cuando el partido todavía no había terminado.

Cuando Nacho sale de la cancha me ve a mí hablando con un dirigente que estaba en el campo de juego, mientras yo estaba del otro lado. Mi hijo pensó que esa persona me estaba insultando y se agarró con él. En medio de esa situación apareció una chica que empezó a agredir a Nacho. Justo lo vio mi hija, que estaba embarazada de ocho meses, y salió a defender a su hermano. En ese momento llegó el padre de la chica y quiso pegarle a mi hija, y la gente de Trebolense, donde se jugó el partido, la metió dentro del buffet para que no le pegaran.

Pasaron los días y, obviamente, esperábamos una sanción. Pero después nos enteramos, casi de casualidad, que la sanción era de 18 meses. La noticia llegó por comentarios de gente de la liga a un compañero de mi hijo, y así fue como finalmente nos enteramos.

A partir de ese momento empecé a comunicarme con gente del club para saber si realmente era así, ya que hasta ese momento nadie nos había informado oficialmente. Con el correr de los días confirmé que efectivamente esa era la sanción.

Como mamá comencé a moverme y a preguntar, porque ya habían pasado varios días y no sabíamos nada con certeza. Hablé con alguien de la liga y al otro día me dijeron que me quedara tranquila, que me iban a llamar. Efectivamente me llamaron, me dijeron que la sanción se iba a revisar y que me iban a convocar a una reunión. Pero esa reunión nunca sucedió.

Mi hijo, que es menor de edad, lamentablemente vio cortada la posibilidad de seguir practicando el deporte que hace desde los tres años. Sus tardes siempre fueron cruzar la calle e ir al club a entrenar y compartir con sus compañeros. Hoy, con esta sanción, su vida deportiva quedó truncada y sinceramente no sabemos qué va a hacer.

Entonces me pregunto: ¿es para tanto? ¿Es para tanto lo que pasó?

¿Cuántas cosas pasan detrás de quienes están encargados de que los chicos hagan deporte? ¿Se tienen que callar? ¿Y por qué lo deberían hacer?

¿Cuándo reconoce sus errores la liga? ¿Cuándo sancionan a un árbitro cuando un chico es insultado por la gente? ¿Cuándo se va a trabajar en eso?

El árbitro que dirigió ese día se fue al vestuario haciendo gestos de burla. Yo se lo comuniqué a uno de los responsables que estaba en el partido y me dijo que lo denunciara. Tal vez tendría que haberlo hecho, porque esas cosas no pueden pasar.

No justifico lo que hizo mi hijo, pero tampoco creo que Nacho sea un delincuente ni que lo ocurrido amerite una sanción tan dura como la que se le aplicó. Ojalá quienes tienen la responsabilidad de decidir puedan rever esta situación y considerar una sanción menos dura, que no le corte la posibilidad de seguir jugando al fútbol, sobre todo en una etapa de su vida en la que este deporte es una parte muy importante de su día a día.

Andrea Díaz

DNI 26.992.273