Fiestas Patronales 2026: Las terribles plagas de langostas
En un nuevo 28 de agosto, bueno es rescatar historias que hacen a la memoria colectiva. Como ésta de la plaga de langostas, terrible realidad que se vivía en el campo de las primeras décadas del siglo XX. Giordano Bruno, nacido en Carlos Pellegrini, fue traductor, cantante lírico y autor de varias publicaciones, entre ellas el libro Relatos adonde aparece la narración «Las langostas» que compartimos aquí.
«Llegaban del Norte, en días de estío, cuando el sol reverberaba sobre las mieses de los campos sedientos.- Los niños contemplábamos asombrados cómo se oscurecía el cielo repentinamente, recién brillante, por los millones y millones de langostas que en varios metros de espesor, no dejaban penetrar la luz del sol.- Era como si se tendiera un toldo gigantesco en el cielo y el sol solo podía penetrar con gran esfuerzo esta espesa capa de insectos que aterrizaban con gran estrépito de sus alas en árboles, sembradíos o las mismas casas, cubriéndolo todo con sus cuerpos amontonados y hasta encimados unos a otros en su afán de comer todo follaje que encontraban a su paso.- Eran las «voladoras», las que llegaban luego de un viaje de miles de kilómetros y por supuesto al aterrizar daban rienda suelta a toda su voracidad comiéndose el follaje de las plantas y si éste resultaba insuficiente se comían hasta la corteza, con lo que la planta se secaba irremisiblemente.- Nosotros los niños que no entendíamos la dimensión del daño que representaban, las recibíamos con gran alboroto, y utilizando mangos de escobas repartíamos palazos a diestra y siniestra, derribando algunas de ellas, pero que en la gran cantidad que llegaban, significaba más o menos como sacar un balde de agua del mar.- Los mayores a su vez veían llegar la plaga con gran desesperación y muchos vecinos recuerdo que golpeaban latas de kerosene vacías que se usaban mucho en ese tiempo y con el ruido pretendían espantarlas.- Vano intento, pues apenas dejaban de batir los tachos, aterrizaban otras en gran cantidad.- Era realmente una de las diez plagas bíblicas, de la que era imposible librarse en su estado de voladora.-«
Así comienza una de las narraciones testimoniales del libro de Giordano Bruno, Relatos. Se refiere precisamente a esta zona, porque el relato responde a sus vivencias de niño aquí en Carlos Pellegrini. Por eso lo traemos hoy, en un nuevo 28 de agosto, celebrando al patrono San Agustín. «Todo lo invadían: quintas familiares, campos de maíz o trigo y alfalfares, eran presa de su terrible gula.», continúa- » Realmente, ahora que lo recuerdo a la distancia, luego de tantos años, me doy cuenta de la desesperación que invadía a la gente del barrio cuando las venían venir.- En aquel tiempo no existían los plaguicidas que finalmente pudieron erradicarlas combatiéndolas en su lugar de origen hasta hacerlas desaparecer.- (si bien trayendo otro problema ecológico nada recomendable, por supuesto, pero esto es tema aparte)».
Luego describe con lujo de detalles lo que sucedía cuando habían comido lo suficiente: el desove, en un agujero hecho por ellas mismas, de donde (con el calor de la tierra) salían primero las mosquitas, luego las saltonas, «devoradoras éstas tanto o más que las voladoras», dice, y pasa a exponer los métodos para combatirlas, «siendo uno de ellos un lanzallamas con el cual se recorría el campo y se iban quemando las langostas que hallaban a su paso». Habla de las barreras de chapa, también, que se construían a propósito y explica que «se ponían en todo el perímetro del campo, haciéndose de trecho en trecho, un pozo o zanja de más o menos un metro a un metro y medio de profundidad, donde las saltonas recorriendo las chapas para hallar una salida al otro lado, caían en cantidades impresionantes y allí eran quemadas con combustible eliminándose bastante cantidad con este procedimiento…y produciéndose un olor nauseabundo de langostas quemadas que espantaba! «.
Cuenta que todo esto dio origen a tareas nuevas en el campo, como la del guardabarreras, ya que se habían cerrado con chapas varios caminos para impedir que las saltonas entren al pueblo.
Con este realismo logra Bruno rescatar una de las problemáticas más grandes de otros tiempos y deja un testimonio valioso que hace a la memoria. Así finaliza este relato: «Muchos jóvenes en la actualidad no conocieron ni han tenido noticia de esta invasión langostera que tanto perjuicio causó en las décadas del ’20 y 30′ a los pobres colonos que vieron desaparecer sus cosechas bajo las fauces insaciables de tan dañino insecto.- Creo que el rescatarlo del olvido es valedero para la historia de nuestros pueblos y su constante lucha para el progreso superando todos estos graves inconvenientes». (Giordano Bruno, de su libro Relatos, 2004)
Marta Bruno
28 de agosto de 2026



































