Roxana Salgado es mamá de un niño de 4 años y decidió hacer público el dolor, la tristeza y la impotencia que atraviesa su familia a partir de una situación que, según relata, su hijo habría vivido durante varios meses mientras concurría a un jardín.
De acuerdo con su testimonio, el pequeño habría atravesado distintas situaciones de violencia entre pares, entre ellas golpes, una mordida, empujones, insultos y un episodio en el que terminó con un hematoma en sus partes íntimas. Para Roxana, lo que más preocupa es que, según sostiene, no se habría tratado de un hecho aislado, sino de situaciones que se fueron repitiendo.
“Una mordida que deja marca, una patada, que te tiren arena en los ojos, que te empujen del tobogán, que te agarren y te dejen un hematoma en tus partes íntimas, que te digan ‘gordo’ a los 4 años. Y que todo esto sea un patrón constante… No. No es normal”, expresó.
La mamá también relató que durante esos meses comenzó a notar cambios en su hijo. Según contó, dejó de comer y de tomar la leche con normalidad, comenzó a tener dificultades para dormir, se encerraba emocionalmente, tuvo cambios en el habla, dejó de avisar para ir al baño y presentó otras conductas que, para ella, no eran habituales.
Roxana asegura que, después de que el niño dejara de concurrir a ese establecimiento, muchas de esas manifestaciones fueron desapareciendo.
“Hoy lo ves y lo ves feliz”, contó. Al mismo tiempo, aclaró que todavía quedan aspectos por trabajar y que la familia continúa acompañándolo junto a distintos profesionales, entre ellos especialistas en fonoaudiología, psicopedagogía y psicología.
En medio de su relato, la mamá pone el foco en una cuestión que considera fundamental: no naturalizar determinadas conductas simplemente porque quienes las protagonizan son niños pequeños.
“Lo más doloroso no es lo que hace otro nene de 4 años. Lo más doloroso es cuando los adultos a cargo miran para otro lado”, sostuvo.
Y agregó: “¿Qué les estamos enseñando? ¿A callar? ¿A aguantar?”.
Roxana también plantea la importancia de que, ante este tipo de situaciones, exista comunicación con las familias, registro de lo sucedido, límites claros y un trabajo conjunto entre los adultos responsables del cuidado de los niños.
En ese sentido, también hizo extensivo su mensaje a las familias de los niños que puedan tener conductas violentas hacia sus pares:
“Mi mensaje no es solamente para los padres de los niños que sufren estas situaciones. También es para los padres de aquellos chicos que pueden tener conductas que lastiman a otros. Tenemos que estar atentos, mirar qué hacen nuestros hijos, escuchar y corregir cuando sea necesario. Es nuestra responsabilidad enseñarles que no está bien pegar, insultar, burlarse, empujar o hacer sentir mal a otro chico.
No podemos pensar que porque son chicos hay conductas que debemos dejar pasar. Tenemos que acompañarlos, ponerles límites y enseñarles desde pequeños a respetar al otro, para que no sean ellos quienes terminen generando situaciones de violencia con sus pares. Estar atentos significa cuidar a nuestros hijos, pero también enseñarles a cuidar a los demás y a vincularse desde el respeto”.
Roxana decidió contar lo que vivió su familia para que su experiencia no quede solamente en el dolor de lo ocurrido, sino que también pueda abrir una reflexión sobre la importancia de escuchar, acompañar y proteger a los niños cuando algo los está afectando.



































