Integrantes de la protectora Animavida llevaron adelante un sentido reconocimiento a Francisco “Panchito” Rodolfi, un histórico colaborador del refugio canino, en un gesto cargado de emoción, gratitud y memoria compartida. La iniciativa surgió este año con una convicción clara: los homenajes deben hacerse en vida.
Valeria Gosmaro, integrante de la protectora, explicó que la propuesta fue acompañada por todo el grupo, que desde hace tiempo sentía la necesidad de agradecerle a quien, con perfil bajo, ha sostenido durante años una ayuda fundamental. “Era un deber moral que teníamos desde hace mucho”, expresó.
El homenaje incluyó la puesta en valor del espacio: Guillermo Contreras fue el encargado de reacondicionar el frente del refugio, mientras que Hugo Rodríguez realizó el cartel con la inscripción “Refugio Canino Panchito Rodolfi”, que desde ahora da identidad al lugar.
Para concretar la sorpresa, contaron con la complicidad de una sobrina de Panchito, oriunda de Cañada Rosquín, quien ayudó a llevarlo hasta el refugio sin anticiparle lo que ocurriría. Al llegar, la emoción fue inmediata y compartida por todos los presentes.

Durante el encuentro, las integrantes de Animavida le entregaron un presente y le expresaron su profundo agradecimiento. “Siempre es difícil reunir dinero para cubrir gastos veterinarios, medicamentos e insumos, y él nos acompaña desde hace más de diez años con un aporte mensual constante”, destacó Gosmaro. Incluso, en muchas oportunidades, las campañas de vacunación —clave para la salud de los animales— fueron posibles gracias a su colaboración.
El reconocimiento también se vincula con momentos difíciles atravesados por el refugio, que reforzaron el compromiso del grupo con el cuidado sanitario. A partir de entonces, establecieron un esquema anual de vacunación que sostienen hasta hoy, en gran parte gracias al apoyo de Panchito.
Si bien remarcaron que existen otros aportantes que colaboran solidariamente, quisieron destacar especialmente su compromiso sostenido en el tiempo. “Sabemos que no busca reconocimiento, pero sentimos que era necesario hacerlo”, concluyó Gosmaro, quien no ocultó la emoción vivida durante la jornada: “Nos emocionamos y lloramos todas”.
Así, el refugio no solo suma un nombre, sino también una historia de compromiso y solidaridad que quedará reflejada en cada rincón del lugar.


































